Los ladridos de Puppy
Raramente se ve en un periódico generalista como El País una explicación sobre una obra donde se dé a los lectores las herramientas necesarias para su interpretación. Bien es cierto que los párrafos están extraídos de un especial sobre el X aniversario del Guggenheim de Bilbao de 7 páginas donde es más fácil profundizar.Puppy, el perrito que está ubicado en la entrada del Museo, obra de Jeff Koons y que aparece en la imagen de este post, es el afortunado y de él dicen:
"Desde que en 1997 un cachorro terrier de 12 metros de altura, armado en acero inoxidable y revestido de flores, vigiló la explanada que da entrada al Museo Guggenheim de Bilbao creando la leyenda de que un ladrido es la mejor lengua vernácula, nuestro sentido del arte como algo universal, misterioso y extraño se ha transformado en algo hogareño, domesticado, estandarizado. Sin embargo, Puppy, como se conoce a la mascota, también es capaz de proyectar el espejismo del cambio, con sus espectaculares y costosas mudas de piel. La misma inercia que llega a través de las multinacionales y todas las excitaciones artificiales del consumo. Cualquier objeción a un arte faldero y familiar, herméticamente sellado por los grandes emporios museísticos, palidece ante la legión de intelectuales, coleccionistas y mecenas de la moda que tratan insistentemente de persuadirnos de que ésta es, desde luego, la cultura más democrática y plural, la más "alta" posible.
El gigantesco adorno ideado por Jeff Koons da la espalda al triunfal edificio de Frank O. Gehry, testigo del reordenamiento del esceanrio y decorados de una ciudad que revive sobre las ruinas de lo viejo. El cadillo, que cambia lentamente, durante nueve meses, los tonos verdosos de su piel, podría ser de cualquier parte. Pero ahí está justamente el quid, no puede pertenecer a cualquier lugar. La cociencia de Puppy de lo regional está claramente registrada en una sociedad concreta y, desde luego, encontrará reconocimiento allí donde se encuentre, como bibelot sobre una mesa camilla, un imán de nevera o una goma de borrar".
NOTA1 Este post además tiene el sentido de que mis amigos vean que no soy el único al que se le va la cabeza describiendo obras y por los recuerdos de tiempos de calma que me trae el Guggenheim Bilbao
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