Decepciones veraniegas
Según parece, la 52 edición de la Bienal si pasa a la historia será por su afán continuista, por hacer apuestas seguras, centrándose en EE.UU., con obras relevantes pero mal montadas y/o ubicadas y una buena idea como era dedicar una sección al arte de África ha quedado empañada por una mala gestionada, según esta comisaria.
Más de lo mismo ocurre con la Documenta 12, parece que los cinco años de preparación no han sido suficientes para hacer una propuesta lo suficientemente reflexiva. Los comisarios de esta importante cita han querido centrarse en hacer arqueología del arte, en buscar similitudes entre artistas de diferentes épocas y contextos, en unas ocasiones más logradas que en otras. La pregunta que se hace Murría es que si este esfuerzo historicista sirve de algo en el siglo XXI.
Al hilo de todo esto [aunque me cueste hilar] hoy aparecía en el diario El País un artículo sobre la aportación de Ferrán Adrià a la Documenta 12. Participación que fue muy comentada antes incluso de que se inagurara dicha feria, y que yo entiendo a medias [me ha costado tiempo]. Su apuesta consiste en convertir su famosísimo restaurante El Bulli en uno más de los pabellones de la dicha feria, pero no lo ha trasladado allí sino que sigue estando en Cataluña. Lo novedoso es que invita arbitrariamente a visitantes/comisarios/artistas de la Documenta a trasladarse al codiciado restaurante no para exponer sino para comer. Lo llamativo es que el avión, taxi y hotel de estos lo paga el Patronato de Turismo de la Costa Brava.
¡Veis no lo entiendo!
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