¿El legado de Chillida o turismo ven a mí?
Ayer, leyendo el diario Público [ya están que lo regalan] me encontré con un amplio reportaje sobre la polémica obra póstuma de Eduardo Chillida, que consiste nada menos en crear un cubo de 50 metros de altura [como un edificio de 15 pisos] en la montaña de Tindaya en la isla de Fuerteventura, considerada Monumento Natural.Según en palabras del propio artista quería "crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia". La verdad que las imágenes del proyecto son alucinantes, debe ser una pasada poder visitarlo, pero ¿por qué aportar más arte a algo que ya tiene un arte natural?
Sus detractores, entre ellos muchos ecologistas a los que tildó como "un coñazo espantoso", piensan que lo único que movió a Chillida a este monumental proyecto fueron sus ansias de perpetuarse en el tiempo, de dejar una obra para la eternidad en un ataque ególatra y por otro lado acusan al gobierno canario de querer enriquecerse, de querer montar un parque temático alrededor de la obra, de seguir sumando turistas sin tener en cuenta el paraje donde se encuentra.
Sus defensores, entre los que se encuentran los herederos del autor, piensan que el impacto ecológico no será tanto ya que la zona se dedicó a la extracción minera, porque el hueco para realizar la obra no supondrá más que un 0.03% del volumen de la montaña y por el resurgir turístico de la isla.
Ahí queda la polémica, yo creo que aunque se trate de Chillida todo tiene una medida y la impresionante belleza de Tindaya no creo que incremente por la inversión de decenas de millones de euros en la obra de un individuo, por enorme que sea su fama.





